GUZMAN1

martes, 3 de mayo de 2022

"A UN PERIODISTA", de JUAN RAMÓN MOLINA.

Que una tizona en tus valientes manos,
la noble pluma con que escribes sea,
para entrar indignado a la pelea,
a herir traidores y a matar tiranos.
Haz que muerdan el polvo los villanos;
áulicos y serviles pisotea,
infunde a aquel que tus escritos lea
fuerza de acción y alientos soberanos.

Que tu rotunda y magistral palabra
tocando cráneos en la plebe estoica
agujeros de luz en ellos abra;


y de allí surja hermosa y fulgurante
la Libertad, como Minerva heroica
de la cerviz de Júpiter Tonante.



Este blog es poco más que un resumen de prensa y otras fuentes de información, que cita textualmente lo que cada uno dijo en cada momento. Hay prensa y radio fiable, y hay panfleto y telebodrio.

En relación a la Prensa y la Justicia, reproduzco aquí un artículo de mi padre, de quien ya hablé en "EL JUEZ, DERECHO, COMO LA VIGA DEL TECHO":

"Justicia y periodismo. 23 abril 96.

JUSTICIA Y NOTICIA. HISTORIA DE UN DESENCUENTRO.-


   Asisto, una vez más, a unas jornadas destinadas al encuentro de jueces y periodistas. He asistido a muchas otras. Y por ello he oído decir muchas veces que son dos mundos armónicos, complementarios, que en un contexto democrático no tienen por qué tener dificultades y menos enfrentarse. Incluso que los problemas surgen sólo cuando falta el mutuo respeto, cuando alguno de los dos se salga de su cauce o invada el terreno del otro.

   No lo creo así. Me parecen muy bien este tipo de encuentros, cabalmente porque hay que buscar una posible armonía, al menos intentar una convivencia entre dos funciones que son necesarias, pero que por su propia naturaleza se repelen o son a veces incompatibles.
 
   Las noticias son por definición urgentes, no admiten esperas ni pueden pararse más que en sucintas comprobaciones. Las noticias requieren de un margen de aventura, conllevan por ello una eventual dosis de riesgo. La justicia exige evitar el daño a toda costa, impide toda aventura, obliga a la plena comprobación de las afirmaciones.

   La noticia es a veces inoportuna para la justicia. Y la justicia es con frecuencia un anacronismo para la noticia.

   El mundo de la justicia y el de la noticia siguen a menudo caminos diferentes. Su diferente motivación los hace contrapuestos en ocasiones.

   Por eso es conveniente que nos reunamos, que hablemos y pensemos juntos, para superar una contraposición que realmente existe. Hay muchos caminos para superar, repito, posturas contrapuestas, pero sólo uno permite hacerlo en paz y en orden: es el camino del derecho. Con la Ley hemos topado, los jueces y los periodistas. Cabalmente la Ley tiene como función crucial permitir la convivencia de las gentes distintas y a veces contrarias. Por eso se dice que el Derecho es una forma de guerra que soluciona sin sangre las luchas de unos ciudadanos contra otros, que tienen distintas ideas o que se disputan una misma pieza. Se me dirá que sin sangre sobre todo para el juez. Ya me referiré a ello.

   Actualmente se habla a diario del protagonismo de los jueces. Se oye con frecuencia, se lee continuamente que los jueces están de actualidad, que no hay día en que no aparezcan noticias de la justicia en los medios de comunicación.
 
    Pues yo creo que eso no es cierto. Quizá estoy lleno de rutinas profesionales, pero yo raramente leo u oigo noticias judiciales.

   Voy a tratar de explicarme. En efecto, todos los días hay alusiones a casos judiciales y sobre todo a ese organismo que, aunque no forma parte del poder judicial ni tiene capacidad de dar sentencias, lleva ese nombre, el CGPJ.

   Ante todo, una aclaración, que creo necesaria. Cada decision judicial conlleva tres decisiones, cada sentencia se compone de tres sentencias. Demandante y demandado sostiene dos versiones diferentes de los hechos; el tribunal debe, con arreglo a las pruebas aportadas a juicio, decidir que es lo que ha ocurrido. Sin esta primera decisión no es posible entender la sentencia.
 
    Después ambas partes enfrentan de nuevo dos argumentaciones jurídicas, es el tribunal el que decide cuál es el razonamiento mejor, cuál de las dos razones contrapuestas tiene más peso. Porque, no se olvide, en todo juicio hay siempre dos razones enfrentadas, rara vez se da un juicio de buenos contra malos. Tampoco es posible entender la sentencia sin esta segunda justificación.
 
   Finalmente está el fallo, la frase que decide la cuestión, la orden que da o quita derechos en definitiva. Suele ser breve y sencilla. Pero se explica por las anteriores, sólo es inteligible como resultado de aquellas.

   Pues bien: es muy raro que las noticias judiciales comprendan y,  sobre todo, relacionen, esos tres puntos.
 
   No es pensable que en la crónica de un partido de futbol se dé la alineación de uno de los equipos y no del otro, o que se mencione  solo el resultado del primer tiempo sin recoger el tanteo final.  Las crónicas de futbol no explican solo el juego de uno de los equipos, sino que refieren el sistema y la calidad de juego de uno y otro contendiente. Tampoco omiten los periodistas deportivos el resultado final o incidencias tan importantes como el hecho de que alguno de los equipos tuviese que terminar con sólo diez jugadores.

   Sin embargo, es usual en las noticias judiciales habituales el apuntar la cuestión sin ofrecer detalles tan decisivos como esos. 
    
    ¿Carecen entonces de sentido todas las llamadas informaciones sobre la justicia? ¿Son un continuo despropósito? ¿Podemos, pues,  parodiando a un conocido alcalde andaluz, decir que la noticia es un cachondeo?  No. Decididamente, no. Tales noticias no estan desprovistas de sentido común. Por el contrario, subyace en ellas casi siempre, mejor, siempre, una crítica razonable. Suelen apuntar, con agudeza, a fallos del sistema que realmente existen. Tanto los legos en derecho como los juristas, vemos dónde apuntan.
 
    ¿Qué se puede hacer? Yo no lo sé. Yo sólo soy juez, no soy periodista. Y de eso de las noticias tengo una visión incompleta, incluso unilateral. No soy muy de fiar.

    Espero que entre todos lo aclaremos. Pero creo que debo dar alguna opinión al respecto. De nuevo trataré de explicar, desde mi lado, naturalmente, la relación entre noticia y justicia.
 
   La labor judicial consiste en la aplicación de la Ley. También los Ingenieros de Obras Públicas, como funcionarios que son, aplican la Ley. No podrían trabajar de espaldas a la reglamentación de su actividad. Pero hacen puentes y autovías. Los médicos de la Seguridad Social y los profesores de los institutos son funcionarios y aplican la ley, pero fundamentalmente curan a los enfermos o enseñan química y geografía. Pero los jueces aplican la ley. Los problemas humanos que son llevados ante el tribunal se solucionan aplicando la Ley y del modo que la Ley tiene previsto. Por eso se puede hablar de la labor de un médico, de un ingeniero y de un profesor sin hablar de la Ley. Pero de un caso judicial, no. Volviendo al simil futbolístico, el árbitro no mete goles ni tiene toque de balón. No gana ni pierde partidos. Le es ajena, aunque la contemple de cerca, la alegría de los triunfadores lo mismo que  la amargura de los vencidos. Sólo pita. Y al hacerlo, aplica el reglamento que hay.
 
   Traduzcamos ésto al campo de la noticia. Si un jugador logra introducir el balón dentro de la portería contraria, se entiende que es gol, lo más importante de un partido. Si un cronista deportivo explica que la pelota entró en la portería contraria pero no fue gol, aclara seguidamente que el linier levantó la bandera, que hubo falta previa etc. Sería impensable que no lo hiciese. No diría toda la verdad, desnaturalizaría la noticia.
  
    En cambio, es frecuente que se dé una noticia judicial aludiendo a una condena muy elevada o inexplicablemente baja o incluso a la puesta en libertad de una persona sin indicar lo que dice el reglamento.

    Debo adelantar, por otra parte, que los jueces tenemos siempre muy presente que el pueblo es el juez de los jueces. Y nos gusta que quienes nos juzgan dispongan de todo aquello que nosotros exigimos: tener a la vista todas las pruebas.
 
    No es particularmente grave que moleste a los jueces. La profesión de juez, molesta por definición, está, también por definición, para ser juzgada y por ello molestada. La semiinformación generalizada no perjudica especialmente a los jueces. Perjudica la confianza de la sociedad en las instituciones. Y eso es grave.
    
   Debo suponer, además, que cuando se señalan los fallos de algo, es siempre para poner remedio. Pero si el médico no conoce todos los sintomas de la enfermedad o se le entrega el historial clínico de otro enfermo no se cura el paciente. Por el contrario, puede empeorar su estado.
      
    Sería conveniente, a mi juicio, en materia tan delicada como la justicia, evitar seminoticias. Para que ese juez de los jueces conozca lo que debe juzgar es necesario que se le refieran las pruebas, que se hable de lo que pretende la ley y que se hable también del reglamento, e incluso, que se explique. Sobre todo, por si a ese pueblo no le gusta y quiere cambiarlo. 
                     
    No olvidemos que los periodistas, al juzgar un juicio, a lo que tienen derecho e incluso es un deber, creen que su sentencia es mejor que la de los jueces. Y eso no es malo, aunque pueda molestar a algunos jueces. Lo peor del caso es que a veces tiene razón, y en esos casos la cosa molesta aún más. Volviendo al simil futbolistico, tambien creen los periodistas que hacen mejor las alineaciones que los entrenadores. Y es muy molesto que a veces es verdad. Pero resulta que, en general, el que tiene todos los datos del estado físico y psíquico de los jugadores es el entrenador, además de la experiencvia en ese deporte. Y, tambien en el derecho, el que mejor hace las sentencias es, en general, el juez. Lo que no quita importancia al hecho eventual de que otro pueda hacerlo mejor a veces, Es una vacuna muy conveniente.


MATAR AL MENSAJERO.-

    La frase "matar al mensajero" fue una frase feliz. La imagen retórica retrató de un modo ingenioso cierta mentalidad o ciertos usos autoritarios contrarios a la libertad de información. Pero después se ha aplicado muchas veces torcidamente, incluso hasta el sofisma en ocasiones.
 
   La noticia tiene un argumento y unos protagonistas, tiene un remitente, que es el periodista, y un destinatario, que es el lector u oyente.
 
   Que la persona que se siente infamada o insultada desee los más terribles castigos para el periodista a quien cree causante de la ruina de su negocio o su vida familiar es normal. También con frecuencia el juez es objeto de tales deseos. Entra en el sueldo.
 
   ¿Dónde está la verdad? Expondré mi visión de la cosa, mi media verdad, para enterarme de la otra media.

    El periodista no es el cartero, es el remitente, con las responsabilidades de todo remitente. Con frecuencia es el autor de la noticia, no es el que la lleva. Y si comenta o da un matiz a la información, lo que es tan importante como la narración misma, eso le aleja aún más del mensajero. Los juicios o apreciaciones conllevan una responsabilidad para el que los hace. Porque a los quiosqueros no suelen matarlos nadie, ni a los carteros.
 
   ¿Y el juez? El juez, por definición y como siempre, ajeno al presunto ofendido y al hipotético ofensor, es el que decide entre las razones enfrentadas de uno y otro.

   Por eso el número de condenas de periodistas es muy pequeño, desde el punto de vista estadístico y comparado con el número de denuncias. En general tambien pasa eso con los demás remitentes (cartas particulares o de negocios, informes profesionales etc.), la mayor parte de ellos resultan absueltos
  
CONDENAS DE PERIODICOS.- 

Lo que pasa es que eso no es verdad. Pura y simplemente.
 
    El número de condenas penales es muy pequeño. El número de condenas civiles es bastante más crecido. Pero los propietarios de los medios se lo callan, para no dar pistas (Me lo dijo un abogado).
  
   Las actuaciones penales tiene una gran publicidad, primero por la prensa y después por la justicia. Cada uno en su momento. Cosa que la gente ignora. El secreto del sumario, provisional por definición, termina en un juicio publico.

   Las actuaciones civiles no son secretas, pero en la publicación de las las sentencias se disimulan los nombres propios.  También se lo callan los periódicos.


LA REALIDAD JUDICIAL.-

    La realidad judicial está deformada. ¿Por qué?

    Yo, como juez, no experto en el mundo de la comunicación, veo las cosas desde el otro lado. Por eso, ya he dicho, vengo aquí a exponer y a escuchar, en definitiva, a aprender.
 
    Pero algo he oído. He oído que no es noticia que un perro muerda a un hombre, es noticia que un hombre muerda a un perro. Cien veces al año un perro muerde a un hombre, solo una un hombre muerde a un perro. Pero se publican, en aras de la noticia, ese mordisco humano y no se publican aquellas cien dentelladas perrunas. Con peligro de que con el paso del tiempo acabe la gente creyendo que son los hombres los que habitualmente muerden a los perros. 

CENSURA O REPRESION JUDICIAL.-

   En unas jornadas como estas hace años, un periodista participante manifestó que han existido tres formas de reprimir o de establecer límites a la libertad de información: las bayonetas, los comités populares y los jueces. Aseguró que, con todas sus posibles imperfecciones, tanto personales como del sistema, prefería los jueces. La civilización, añadió, pasa por los jueces. Otro de los periodistas presentes le recordó un cuarto sistema: el propietario de la cadena de emisoras o periódicos, mucho más eficaz que las anteriores.


ACTUALIDAD DE LAS NOTICIAS.-

   He conocido multitud de casos judiciales que llenan las primeras páginas de los periodicos durante muchas días, durante meses, a veces. Los jueces se ven asediados por la prensa. Y no dan las noticias, datos o referencias que se les solicitan. En parte porque les esta prohibido. Y en parte porque aún no saben si la pista que está siguiendo es la buena o es falsa, con los enormes perjuicios que se pueden ocasionar a personas inocentes. Varios meses después, a veces años, muchas veces, se celebra la vista del caso. Pues bien, es frecuente la total o casi total ausencia de periodistas en casos que en su momento gozaron de enorme atención por parte de los medios de comunicación. El caso ha dejado de interesar.
 
   Debo decir, aunque ello promueva a risa, que no lo entiendo. Ya sé que pocas cosas son noticia durante años e incluso al cabo de unos  meses.
 
   Para la justicia han dejado de interesar aquellas primeras investigaciones, sólo son actos preparatorios del juicio, lo único que vale es el debate del juicio oral. Sólo eso sirve para decidir lo fundamental: la culpabilidad o inocencia. Para la noticia tiene interés el accidente que ocurrió ayer, no el que ocurrió hace dos años.
 
  Y sin embargo, lo cierto es que a mi mismo, cansado de oir durante años a testigos, informes, peroraciones de abogados etc. me siguen  interesando enormemente muchas vistas públicas. Las habilidosas deducciones que de unas mismas pruebas sacan una y otra parte, el aprovechamiento inteligente de todos los elementos de juicio, etc. Pocas cosas hay, en verdad, más apasionantes que el seguimiento de una vista criminal llevada con talento, sobre todo si el caso es por sí mismo interesante. Una novela policiaca vivida en directo y con la presencia de los mismísimos protagonistas.
 
  Muchas veces la sentencia no se publica. O se limita a reseñar la absolución o condena, con olvido de ese sugestivo universo de los debates criminales.

    Ojo: no defender las decisiones judiciales jamas, jamás. En caso de pregunta: yo no creo que los jueces tengan menos errores que los delanteros o los porteros, o los toreros, o los encuestadores, o los fontaneros.

    Me entristece esa pregunta. La profesión de juez es dificil y arriesgada. Al ser dificil, no es excepcional que se meta la pata. Y al ser arriesgada no es excepcional que te coja el toro. Yo no he recomendado nunca que se haga juez a ningún pusilánime. Creo que se necesita temple para ese oficio. Como para el de periodista. En eso sí nos parecemos. Si he dado la impresión de que los jueces no se equivocan, creo que he fracasado.

    Ejemplo. Juez que reparte 21.000 pts mesuales entre marido y mujer. El marido cedió el piso. El juez le asigno siete mil a la mujer.
 
    ¿Sigo o no? El juez: entrevista. Yo no doy nada. Ni pienso dar nada. A nadie. La justicia no tiene prevista cantidad alguna para necesidades sociales. Son otros organismos.
 
       El juez que le quitó el niño a su madre. En términos generales no es noticia; ocurre a veces. Pero no habia ocurrido ni eso ni nada. Se rectificó (flamante oficina de prensa recien estrenada), se publicó la rectificación,. Pero siguió hablándose durante varios días y en casi todos los periódicos de ese juez que le habia quitado el niño a su madre.

  La minifalda de Lérida. La sentencia fue condenatoria. No se condenó al mínimo sino a algo superior.

   El escandalo publico de Badajoz. El chico se suicidó. El posible error judicial pudo producirse. En este caso no voy a defender a la judicatura, sino a la verdad. Pero nunca en el juez que incoó la causa, que es el que recibió los palos de la prensa y de un inseguro CGPJ que le destituyó. 

    Si el autor de la información es un periodista profesional debería tener la específica responsabilidad profesional que corresponde a cualquier titular cualificado.

    En España es frecuente que la gente se indigne mas por una noticia que deja en ridículo a alguien que aquella en que se le acusa de alguna maldad. El tremendo sentido del ridículo del español.

Libertad de informar y lo aun mas importante: derecho a ser informado.

    Libertad de información.

    Id de expresión: opinar."